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Mensaje por Itou Nyozegamon el Jue Mar 23, 2017 3:59 pm

Solo déjalo fluir, se dijo. Todo estará bien, repasó fiel recordatorio. Si bien nunca se había considerado por pesimista –jactándose más del término realista–, un par de minutos bastaban para otorgarle el primer obstáculo de lo que vendría siendo el desconocido espectro de la novedad. Habiéndose acostumbrado a la algarabía y pensándola por un cúmulo de sonidos naturales ejerciendo peso delicadamente sobre sus actividades, el discernir el significado y compararlo al actual se volvía incluso similar a una tragedia indocumentada.  Shibusen estaba ahí, mostrándose aún más formidable de lo que las fotografías podrían explicar y, lo supo, habría necesitado mucho más que unos folletos como para saberse preparada para ese indómito desafío, en ese mismo en que las vocecillas escapaban y un par de efusivos gritos marcaban la potencia de la juventud.  Las escaleras, de vista eterna, se transformaban en el último sendero que vería antes de perder el beneficio de la ignorancia; no podría excusarse ni de la falta de recursos, menos de oportunidades. Una vez dentro ya tendría que intercambiar hasta su última gota de sangre por el intangible líquido de lo fructuoso, de saber y destreza forjada.

Bien.

Musitó, deshaciéndose de hasta el último rastro de duda. Las sandalias dieron con uno de los peldaños y, sin ningún desperfecto, se decidió: el destino estaba hablándole. Era dueña de él, ¡tenía el poder! Sujetándose ocasionalmente el kimono por cada paso, avanzando con la misma obstinación de sus renovados ánimos, ¿qué pretendería derribarla? Porque, ¡estaba hecha una furia de veloz! Recta, enfocada, ya ni enfoque más que sus metas se lograban de ver al final de las escaleras. Como si el logro estuviera solamente en el inicio del viaje, en el prólogo de lo que podría de marcar el largo y extenuante sendero que encontraría; sin embargo –siempre existía uno–, ¿por qué era que sus piernas se endurecían? Los músculos rígidos, el pecho agitándose y…

¡No había avanzado ni un cuarto de escalera! ¿Por qué eran tan largas? Y por un momento se detuvo, viendo la distancia tras su espalda, agazapándose y subiéndose sobre sus puntillas en búsqueda de vislumbrar una esquina de su posible premio espiritual; acabada en un respingo ofuscado, se abandonó a la lentitud, a la paz con la que la perfección se volvía unos cuantos metros más cercanos a su vida. Padre, ¿habría estudiado ahí? Ocupó su mente en ello, en imaginarlo en distintas circunstancias. Claro, sin tener referencia, se limitó a imaginar ese robusto rostro pegado al de cualquier estereotípico estudiante, ¡no tenía más imaginación que eso! Mas no significó que no fuese suficiente para que el refulgir habitara y una nueva decisión yaciera en su velocidad.

¡Qué el cansancio se fuera! Subiría y bajaría mil veces las escaleras con tal de derribar el reto con todas las de ser. Así mismo se mantuvo hasta que el sonido dibujó algo nuevo, distinto. Voces jóvenes, repletas de un tinte que, lejos de chillar, se deslizaban en una no tan melodiosa risa; algo estaba haciendo gracia y, sin estar segura de lo que sucedía, dejó que sus ojos fueran aquellos testigos directos: un grupo pequeño, quizás tan nuevos como ella lo sería. En sus prendas yacía el común ‘técnico’ y ‘arma’ que les distinguiría como nuevos.

Monos. Monos fuera del circo. ¿Qué hacen aquí? No deben estar aquí.

Habló, tan bajito como sabía. Estaban bufándose de, ¿qué? Tal parecía que eran el buque de bienvenida, uno clandestino de estudiantes de, probablemente, aproximadamente su mismo saber. No estaba segura de necesitar ser atendida por gente así, tan ignorante como ella… Pensó en hacer oídos sordos lo más posible y  caminar en dirección a la pared, estratégicamente apartada de lo que serían esos alumnos. Pero algo mejor había en su cabeza. Algo que lograría brindarle la gloria que no estaba sintiendo ante esos esperpentos de la humanidad.

Sí, así es. Dio vuelta sobre sus talones y empezó a bajar de regreso. Siempre podía regresar al día siguiente, ¿no? Las clases podían esperar. Shibusen no se movería a ningún lugar. Y, de ser así, estaba determinada a seguirlo hasta el fin del mundo, ¡o el vientre se cortaría!
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Itou Nyozegamon
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Re: Right here, right now—Priv. Raylai.

Mensaje por Raylai Dragmir el Jue Mar 23, 2017 4:30 pm

Los minutos pasaron en el gran salón, la despedida que dio el encargado le anunció que todo había acabado ya. Una vez más, había fracasado en su objetivo de encontrar un arma. Llevaba ya medio año en Shibusen y seguía sin encontrar algún compañero con el cual encajar. ¿Por qué le resultaba tan difícil? Incluso cuando pudo conocer un par de buenas personas, ninguna de ellas era compatible para que formaran un equipo. Le estresaba el asunto, si, pues no quería quedarse en la clase NOT por siempre, deseaba salir a arriesgadas misiones para poder fortalecerse, ¡Lograr sus metas! Por ello mismo no decayó, se dio un par de golpes en las mejillas para levantarse el ánimo. Recorrer los pasillos fue un poco menos agotador de este modo. Al llegar por fin a la salida de la gran estructura pudo respirar el aire no viciado, sonreírle a ese sol extravagante para dirigirse a buscar algo que hacer, ¿Quitarse o no el broche que la señalaba como técnico? Decidió dejárselo un rato más, solo porque la pereza de manera extraña le ganaba la contienda en ese momento, su estómago pedía por algo de comer y ella como buena chica le daría en el gusto, ¡Posponer la hora de la comida estaba mal! Seguro que si se alimentaba como quería en ese instante, el disgusto por el aparente fracaso desaparecería de su mente.

Lo cierto era que del solo pensar en la palabra ‘fracaso’, tuvo que hacer una mueca de disgusto.

Fracasar. No le gustaba fracasar, en ningún sentido, ¿Por qué sería? Se lo había estado preguntando durante toda su vida, su enojo consigo misma salía siempre que pensaba en ello. No siempre se ganaba, aquella palabra también le dolía, como si su rechazo ante la derrota de cualquier modo fuera algo prohibido. Todo lo que fuera ir en retroceso, perder, fracasar, fallar… Esas palabras no hacían más que molestarla. Sin darse cuenta ya había bajado unos cuantos escalones, mientras avanzaba absorta en su dilema de vida, no se había fijado que chocó con al menos cinco personas que le reclamaron se detuviera, al poder escuchar a la última, fue cuando su mirada se tornó agresiva sin notarlo, haciendo que este pobre estudiante saltara en su sitio y se perdiera entre los estudiantes que salían de la escuela con rapidez por el miedo causado en él.

Debía calmarse, debía ser una buena chica. ¿En que estaba antes de meterse de lleno en su frustración por no conseguir arma? Oh, sí, comer. Eso la relajaría, evitaría que matara a alguien de paso, ¡La comida era maravillosa! ¿Por qué era que se imaginaba a un trozo de carne con ojos demasiados grandes y una sonrisa hecha de salchichas? Una visión que le hizo babear por minutos, dejarla de nuevo pensando cosas apartadas de la realidad, y seguiría con ello hasta llegar abajo, al último escalón que le hizo parar en seco por una peculiar escena que estaba presenciando. Chicos nuevos, de seguro, riéndose de … ¿De qué demonios se estaban riendo? Notó malas intenciones, también miradas hacia una chica que venía bajando de regreso. ¿La escena era lo que se imaginaba?  Sin tiempo para pensar, cambio el alegre estado por la comida, a uno tan particular como el que había mostrado antes. Pasos que se marcaron con dureza sobre el pobre suelo, rapidez con la que llegó frente al grupo para mirarlos con molestia verdadera. ¿Qué pensaba hacer Raylai? Justicia, se dijo, aunque en ese momento estuviera viéndose como una matona más del montón. Sin preguntar ni nada, tomó del cuello de la camisa a uno de los tipos, no tuvo tiempo ni de leer si se trataba de un técnico o de un arma, no le importaba de todos modos. Lo sacudió con ira mientras los demás seguían perplejos por la situación, no terminó con él, no. Pues aún quedaba bastante molestia dentro de ella―Oi, oi, oi. ¿De qué demonios te estas riendo, eh? ¿Qué te parece tan gracioso?―Le vio intentar modular algo sin conseguirlo, siguió sacudiéndolo con violencia, esa que iba en aumento―¡Tch! ¿Cómo te atreves a molestar a una dama en mi presencia? ¡Puede ser enana y todo, pero tiene derechos!

Idiota como solo ella podía ser, se quedó desafiando con la mirada al resto, pues les lanzó al chico que antes tenía agarrado para que este cayera de manera estruendosa en el piso. La curiosidad del día parecía ser esa, una chica violenta, un grupo de matones, una aparente señorita pequeña en peligro. Ah, odiaba su suerte, también ser impulsiva, pero estaba segura de que no iba a retroceder, y no lo haría por las razones equivocadas. ¡Si lograba vencerlos comería el doble ese día! Aunque ya podía oler el castigo que venía en camino por su comportamiento, ¿Había valido la pena la intervención? Esperaba que si… Pues buscó con la mirada a la aparente afectada y le sonrió como la tonta que era, mostrándose orgullosa del lio en el que se había metido por entrometerse donde no la llamaban.
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Raylai Dragmir
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Re: Right here, right now—Priv. Raylai.

Mensaje por Itou Nyozegamon el Jue Mar 23, 2017 5:39 pm

Con el cielo no inmutándose más que por la variopinta expresión de su gran estrella, solo le quedó volver a dar un suspiro, retardado y sin más preámbulo que una furtiva mirada. El aire almacenado en sus pulmones tuvo cierto peso a deje, a la fatiga de estar escapando de una situación tediosa; sin embargo sabía a alivio, al temor que se negaba a admitir y reemplazaba por posponer el plan inicial. En una mezcla de desánimo y un intento de avivar el ánimo para el día siguiente, tuvo la absoluta certeza que algo sucedía. Lejos de un pálpito, aún más coloso que cualquier destino caprichoso, ¡un fuerte ruido! Y una voz que se agazapó sin más elegancia que un certero vandalismo. Supo en ese mismo instante que, de seguir su camino, no podría de ser testigo de unos de los fenómenos naturales de la fauna estudiantil. En seco se detuvo, buscando alzar el rostro hacia el sol, buscar alzarle su pulgar en agradecimiento divino, porque vuelta daría, un retroceso tendría y, ¡dichosas ánimas que se envolverían en locura! En un momento se vio envuelta de todas las posibilidades posibles.

Y, señores, en su cabeza no habría pasión heroica, menos alguna vanagloria enfocada en lo positivo de la escena. La defensa que se confería pasó tan con alto que en sus ojos el brillo parecía cegar. Matonaje escolar, deletreó sin sonido alguno tan pronto como estuvo de regreso. El sudor caía, el jadear era inevitable, mas no significa que mantenerse absorta estuviera fuera su estado. La supervivencia del más fuerza, el poder que recaía en una silueta que se bañó de una espectacular forma tan pronto como le enfocó. Fuerte, grande y… ¡fuerte! El eslabón más fuerte en la cadena alimenticia escolar. Sin importar razas, tal parecía que los caídos dejaban que sus frustraciones se mantuvieran en palabras sin gritar e intenciones que seguían buscando la forma de estallar al fin.

Genial—soltó, casi involuntariamente, dejándose llevar. La agonía se graficaba en muescas desfiguradas de los anteriores monos de circo afectados por el proyectil, cayéndose justo a un costado Se movió un par da pasos, intentando de mantenerse alejada de la chusma extraña, pero les miró antes de volver la vista a la aparición, al nemesis escolar sorprendente—. Muy, muy, muy, muy genial…

Pero había problemas. Molesto se alzó un muchacho, con una soberbia trillada y el ojo morado. Llamaba a un compañero, uno que no tardó en sujetarle del brazo y recreando un imponente mazo. No muy lejos, una nuevo técnico blandía una elegante espada de mosquete. Dos contra uno… Una. Sin arma, con el coraje de su poder a flor de piel, ¿era justo?

¿Qué te crees que eres, tú…?—Bramó el muchacho, acercándose y oscilando a quien dejaba escapar un par de risillas ponzoñosas— ¡Vamos! ¿No sería más justo así? No eres más que una bruta sin arma…

Las risas siguieron, unas que fueron acompañadas por las poco melodiosas de la dama espadachín.

Eeeeh… No te veo acompañada. Será que… —suavemente, el ruido de la tierra y el metal se hicieron notar en el aire—… ¿olvidaste a tu compañero? ¡OH! Disculpa. Quizás ni tienes uno.

Por alguna razón, la molestia le frunció el ceño. La gente fuerte, sin importar su compañía, ¡seguía siendo fuerte! Marcó paso, sin importar que lo pendenciera pululara en el aire; no importaba qué tan malversos fueran los estudiantes, un cuatro contra uno resultaba totalmente idiota, irrespetuoso y lleno de deshonor del que no quería ser participe.


Matona o no—soltó al fin, haciéndose un pequeño espacio en esa escena—, sigue siendo un guerrero formidable al que le están faltando el respeto. Aprendan su lugar y no orillen sus nulas dignidades antes de tiempo, pues también, de paso, mancillan al Shibusen, también a sus propias almas. Tómenlo en cuenta...—brazos cruzados, convicción en el aire muy a pesar de su pequeña dimensión— o simplemente deben morir.


Por supuesto que la réplica no sería la más pacífica, no cuando sentía el ligero corte del mosquete sobre su rostro. Una amenaza sutil, una que no buscaba dañarle y sin embargo no hacía más que develar los límites ajenos; ellos estaban ansiosos por pelear, mas no se atrevían, ¿por qué? ¿Sería miedo? ¿Sería que la matona brindaba esa atmósfera de tensión? Olvidándose que podrían de haber normas y posibles éticas estudiantiles, dejó que sus pies se mecieran y extendieran un fluido paso hacía la fémina. Un corte, simplemente uno recibió sin darle más que en rozamiento, con una técnica que no fue la mejor vista, mas sí le dio punto de mérito por la sorpresa; ah, tan pronto como logró dar con su destino, dobló esa muñeca lo suficiente para que el arma cayera. La figura de una dama quejándose se vio  seguida, volviendo a su forma personificada, ¡totalmente enervadas ambas!

La violencia solo trae más violencia—se dijo—, aunque la causa deberá justificar este medio de mis actos; mis absolutas disculpas…—media reverencia que dio, posando so puño cerrado dentro de la palma extendida—, es innecesario que humillen más sus personas. No persistan.

No eran las palabras más consoladoras, menos que alivianaran los aires. Era lo que había, más no tenía y ya estaba dirigiéndose con total entusiasmo –del que solo sus ojos fulgurantes eran prueba– hacía esa muchacha de gran fuerza y fuertes pulmones; era la bravucona, una bravucona que merecía el respeto. Alzarle el pulgar en señal de cierta devoción fue tan necesario como el hacer caso omiso a todos los demás. Daba por sentado que estarían marchándose, con la dignidad en alto.
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Itou Nyozegamon
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Re: Right here, right now—Priv. Raylai.

Mensaje por Raylai Dragmir el Jue Mar 23, 2017 6:42 pm

Si había algo que odiaba más que las injusticias, el hostigamiento innecesario, era la soberbia en cualquier tipo de idiota. Escuchó con una paciencia inusual los insultos a su persona, ¡Y es que cada uno podía servir para comenzar a sacarla de sus casillas! Esos imbéciles se iban a arrepentir de haber pisado el suelo del Shibusen ¡Mucho más de insultarla con lo que le había estado molestando durante tanto tiempo! «Esos desgraciados se lo buscaron ¡Ellos fueron!» Pensó sin importar el castigo ni nada de lo que pudiera venir como consecuencia. Se dispuso a dar unos cuantos pasos para ir contra ellos, pero la pequeña antes molestada apareció en escena dejándola confundida, quieta. ¿Que pretendía hacer? ¿Por qué hablaba de manera tan complicada? La escuchó esforzándose por entender su propósito, no viéndolo hasta después de que el discurso fue dicho y las acciones dadas. Podía ser una enana, pero era una enana fuerte, ¡Le agradaban las personas así! Por más que su lado intelectual sobresaliera, había coraje en ese pequeño cuerpo, no podía estar más a gusto con ello. Por eso tuvo que devolverle la mirada con toda su determinación, sonreírle expectante a lo que tenían por delante. ¿Por qué hablaba de ello? Se retiraban, los maleantes novatos lo hacían o al menos eso pareció ser, pues volvieron a la carga en busca de una dignidad y orgullo que jamás tuvieron.

Parece que los idiotas nunca aprenden, eh―Desprecio en su tono de voz, escupió a un lado como un macho de cuarta para posar su mano en la cabeza de su pequeña acompañante. Estaba molesta, sí, pero también a su pecho llegaba cierta sensación de disfrute, no era sano, no, pero debía llegar al final del asunto para estar satisfecha al fin. Risa de demente, una risa como si la locura se hubiera apoderado de ella, no fue así, pero sí que tuvo que apuntarse a sí misma para seguir hablando mientras sus ‘enemigos’ se agrupaban alrededor intentando rodearlas. Era idiota, sí, pero sabía a la perfección que un circulo no se hacía con cuatro personas… ¿O tal vez si? Al demonio eso―Si quieren dañar a esta señorita, tendrán que derribarme primero a mí, ¡Y ni crean que podrán lograrlo! Con arma o sin ella, no pueden superarme.―Sonrisa que creció, piernas que flexionó para darse impulso y correr, correr hacia ellos con todas las intenciones de derribarlos. Claro que aunque se viera fuerte, en algo tenían razón esos chicos, seguía siendo un técnico sin arma, por lo que la desventaja se dejaba en claro con su primer ataque, ese que le dio al idiota chico, pero que la dejó cayendo hacia donde antes estaba por la actuación del mazo de su contrincante. Dolió, si, se estaba molestando mucho más, obviamente. Los alumnos alrededor del evento curioseando por quien ganaría no hicieron más que formar un mal ring del cual tendría que cuidar de no tocar. Podía estar molesta, ser violenta y demás, pero no quería a terceros dañados en la disputa.

Plan, tenía que pensar en un plan para quitarles las molestas sonrisas de la cara a esos imbéciles, pero, ¿Cómo hacerlo? Apretó los puños, se sacudió el uniforme y entonces sucedió lo inesperado. Como si de una iluminación se tratara, pudo divisar en ese pequeño cuerpo algo que indicaba a esa chica como un arma. ¡Y ella era un técnico! Así que, ¿Podían hacerlo, no? Eso que tanto anhelaba desde hace tanto tiempo. Rapidez, debía actuar con rapidez antes de que sus enemigos la alcanzaran, así que en un arrebato lleno de impulsividad, hizo lo impensable, quizás lo contradictorio a lo antes dicho. Alzó a su acompañante en ese épico combate y sin esperar una transformación ni nada, logró que sus enemigos se detuvieran, quizás fue por miedo, quizás fue por intimidación, o quizás y lo más probable era que fuera porque tal acción llena de estupidez los dejaba desconcertados, como a todos los presentes ahí. ¿Que había hecho Raylai para lograr esa impresión? Levantó a la mini chica del honor para mostrarla como si de un premio se tratara―¡En sus caras, imbéciles!―Gritó, llena de júbilo ―¡Ahora si tengo arma y van a lamentar meterse con nosotras!―Sonrisa que se volvió la de una verdadera sádica con el arma más mortal del mundo en sus manos, chicos que seguían sin salir de su asombro por la estupidez dicha. Todo cambió rápido cuando cierto grito hizo que la multitud se dispersara con velocidad alucinante. La tailandesa pensaba que su abrumador poder ahora que tenía un arma los había espantado, no los culpaba, y cierto ego salió a relucir cuando la risa predominó en ella, pero tan pronto como escuchó una voz a sus espaldas, tuvo que voltear con rapidez para encontrarse con el horror de frente, el verdadero motivo por el cual todos huyeron.

¡Ustedes dos, quietas ahí! ¡Alguien debe ser castigado por semejante escándalo!―Escalofrío que bajo por su espalda, las consecuencias de sus actos llegaban en forma de autoridad―¡Mierda!―Exclamó sin nada de elegancia antes de comenzar a correr por inercia, aun con la chica en brazos. ¿Bajarla o no? Ya no había tiempo, ¡Era huir o ser castigadas! Aun así, la bruta tuvo la consideración de preguntar por algo ―Pequeña dama, ¿Cuál es tu nombre? Curiosidad, si, la tenía―Yo me llamo Raylai, pero puedes decirme Ray. ―Sonrisa boba que apareció, gritos que se escucharon más cerca a pesar de que estaban corriendo, ¿Por qué? Porque la muy idiota intento de bravucona, había estado corriendo en círculos hasta ese momento. Sí, no podían pedirle ser más lista que eso.
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Raylai Dragmir
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Re: Right here, right now—Priv. Raylai.

Mensaje por Itou Nyozegamon el Jue Mar 23, 2017 8:58 pm

Queriendo ir hacía la victoria silenciosa, solo le quedó abstenerse a ello: al espíritu juvenil que bramaba por la irracionalidad y volvía tal y como si fueran juguetes llenos de porfía. Por quizás cuánta vez, volvió a respingar, brindándose la parsimonia que el ambiente no quería incitar. La bravucona hablaba, se expresaba y, aparentemente, ese ego parecía no denotar lo brillante que estaba viéndose desde su punto de vista. No era la perspectiva, menos su altura al alzar la cara. El sol tampoco tenía qué ver; una forma natural de sofocar sin brasas. Involuntariamente, la comisura y el rostro de ablandaba: quería sonreír, orgullecer ante esa capacidad expresiva y amainar sus sentidos ante cualquier represalia que pudiera devenir de sus omnipresentes decisiones, ¡y sí que le vio cierta divinidad a sus demandas! Por algo se ensimismó en verla luchar, incluso en el caer y ceder ante las faltas de honor de esos estudiantes. Pronto y sin previo aviso, la tensión social empezaba a aumentar la euforia rival, apretando su pecho con cierto nerviosismo que seguía sin entender del todo.

Pasó lo que debía pasar. Fue alzada y su raza estuvo en jaque y gala, ¡era un arma! Un arma un tanto difícil de controlar por más que no tuviera problemas en compatibilidad. Pesada, siempre había sido considerada así y sin embargo tan pronto como fue alzada, sintió las mejillas ruborizarse con un ápice de orgullo. Apretó las mejillas y posó las manos en jarra desde las alturas, aprovechando su temporal ligereza y moviendo los pies en cierto acto de ansiedad. Era extraño, curioso. Desde la expresión de los contrincantes como la confianza qué esa muchacha reflejaba e, involuntariamente, le estaba contagiando. Estaba enferma de algo y quizás… quizás, tenía el nombre en la punta de la lengua. No podía descifrarlo.

Tampoco tuvo que hacerlo en seguida.

Nombre…—murmuró, sin importar que las circunstancias fueran extrañas, inverosímiles y la altura siguiera meciendo sus pies. Había alguien regañándolas y no importaba, ¡estaban en su propio orden! La naturaleza del escape ante un depredador distante, aquel que pasó a segundo plano tan pronto como lo escuchó: tenía nombre, uno que quería pronunciar… ¿Y si fallaba? ¿Y si lo decía mal y le faltaba el respeto? Sacudió la cabeza, eliminando dudas, llenándose de lo necesario para abrir la boca sin intención pesimista— ¡Raylai-san!—Rápido, siguió, casi como si las palabras quisieran atropellarse una tras otra— ItouNyazegamonysoyunarma. SiemprequiseveniraShibusen. Erestécnico… UNGUSTO—Tan mal no había salido, aunque sí tuvo que taparse la cara presa de la vergüenza propia. ¿Qué le quedaba por hacer? Toser, carraspeando, intentando regular su normal temple, ese que seguía un tanto hipeventilado de la emoción.

Toma aire. Suéltalo. Aprieta el rostro, no flaquees. Pensarlo era más fácil, aunque sí tenía efectividad.

Itou—se corrigió pronto—. Es un placer conocer a un técnico. Es la primera vez que le dirijo la palabra a uno que sea de mi edad. Es un verdadero placer, Raylai-san—¿Qué si importaba que estuvieran siendo perseguidas? No, seguía siendo un tema aparte, también la altura. Le gustaba ser cargaba, extrañamente— ¿Es común estos pleitos en la academia? Parece bastante bien versada en resolverlos, tal parece, aunque…—y lo obvio nació, eso que transformaba en algo lógico todo el río de acontecimientos que hubieran acontecido. Porque veía el paso y solo veía un paisaje repetitivo— ¿Raylai…-san?—Iban en… círculos.

Quizás era solo una coincidencia, un error. Habría entendido mal la realidad actual. Porque si estaba siguiendo la corazonada, significaba que esa Técnico no era ni más ni menos que una… una… No. Equivocada debía de estar, ¡era fuerte! Tanto como para conmover su ser.

¿No cree que deberíamos romper esta… circunferencia potencialmente estratégica para buscar una nueva ruta de escape menos predecible y de valor beneficioso para nuestras integridades físicas, mentales y espirituales?—Sí, tuvo tacto, como nunca lo tenía. No quería faltar el respeto a una bravucona, aunque más que eso… no quería perder la oportunidad de seguir en esa especie de comunicación. Volvió a carraspear, enfocándose, ¿qué podría de hacer desde su posición? Las opciones eran mínimas, también su intención de mantener un historial limpio de ser atrapadas—Raylai-san, tengo un plan. Deberá confiar en mí, ¿entendido? Es imprudente de mi parte, pe-pero—Tartamudeó, incluso ella se sorprendió de ello—… Debe lanzarme, Raylai-san. Tome el impulso y hágalo sin dudarlo, con toda su fuerza. No puede soltar mi mano, jamás. ¡Estoy en sus manos!

¿Su plan? Una vez que fuera lanzada, se materializaría en la gran Nodachi que era y, a causa del impulso y el peso, tendrían una largo impulso y la fuerza ejercida. Podía ser liviana, ¡pero también podía ser el quíntuple de pesada! Con ese impulso podrían alejarse de cualquier perseguidor. Atenta estuvo, preparada y dispuesta a transformarse al primer momento. La sonrisa apareció sin saber. Estaba entusiasmada y lista. Apenas Raylai se moviera, ya la tendría con los 1.70 y varios kilogramos impulsándola a cualquier dirección, haciéndolas imparables. Los detalles respecto a la caída quedarían para luego. Lo principal era evitarse el regaño, la mancha en el historial –¿había historial?– y cualquier cargo que pudiera caer por sus actuares.

¡Un equipo imparable!

Aunque en esos momentos, justos y a segundos de cualquier acción, llegó la verdadera forma del mundo, también el nombre de esa enfermedad contagiosa; era sencillo, estúpido y raro para su persona, sin embargo lo estaba viviendo de tomo a lomo. Raylai era una idiota. Por ende, e influenciada, estaba actuando tan o igual que idiota que esa Técnico bravucona. Debería hacer algo al respecto pues… No le desagradaba para nada.
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Re: Right here, right now—Priv. Raylai.

Mensaje por Raylai Dragmir el Jue Mar 23, 2017 10:08 pm

¿No era una pequeña adorable? Y tuvo que reír por lo mismo. Seguía hablando de manera complicada que no lograba entender del todo bien, pero le gustaba cargarla, también la sensación que le provocaba estar cerca de ella. Lo que no estaba disfrutando del todo, era que el docente se les estuviera acercando tanto, entre menos era la brecha, más posibilidades tenían de terminar castigadas. ¡No podía terminar castigada! No otra vez, sería la quinta vez en la semana, y eso ya era mucho decir.  La sala de castigo parecía su segundo hogar, no lograban entender que su justicia iba más allá de lo entendible. ¿Qué hacer entonces? Sin entender lo primero que se le fue dicho, sí que puso atención a lo segundo.

¿Había escuchado mal o quería que la lanzara? ¡Si hacía eso se iba a lastimar! Aunque pronto una duda llegó a su mente, esa que debió aparecer antes pero lo hizo en ese momento: ¿Qué tipo de arma era Itou? El tiempo apremiaba, no podía dudar, por lo que, confiando en esa chiquilla, detuvo su andar para impulsarse, corta carrera que dio con toda la motivación que tenía para hacer lo que se le indicaba. ―¡Confío en ti, Itou, vamos por ello!

Momento mágico donde vio una hermosa espada de algún tipo que no logro identificar, pero, ¿Que era esa sensación? Podía escuchar algo, sentirlo. Podía sentir a su compañera de una forma especial. Su mirada se llenó de un brillo inusual, ¡Era la primera vez que le pasaba con tanta normalidad! Pues en otras ocasiones terminaba mal, con las armas quejándose de la desincronización entre almas, de sus gritos, de su actitud. ¡Pero ahora era diferente! ¿Que era ese sentimiento de… Poder superarlo todo? Con fuerzas renovadas junto a una actitud optimista, se dejó guiar por su instinto, el mismo que la ayudó a impulsarse, volar por los aires -no, no tanto, solo un gran salto- el mismo que terminó en…

En…

Sobre el maestro.

Mierda.―Lo único que pudo decir después del golpe, el pobre había tenido que hacer una maniobra rápida para intentar detener el improvisado ataque  que no era más que una oportunidad de escape. Terminaron en el suelo, las manos le ardían un tanto, pero, ¿Qué era eso que veía volar con destino a las escaleras? Se miró las manos otra vez, entendiendo por suerte que era lo que le faltaba.―¡Itou! ¡Niña Itou, no vueles, vuelve!―Rapidez para levantarse, pateó la cara del maestro y se impulsó de la misma para lanzarse en un intento de atraparla, calculando mal pero sirviendo de igual modo para que su aterrizaje no fuera brusco. ¿Debía estar molesta? ¿Preocupada? No, y la risa así lo delato.―¡Fue muy divertido!¡Debemos hacerlo otra vez!―Optimista se mostró ante la situación, no duro demasiado, pues el grito del afectado mayor le dejo en claro algo―¡Itou, Raylai!―Llamó con severidad―¡Están castigadas!―Lo inevitable pasó… Pero se alegraba de que al menos esta vez, había valido la pena. Sí que lo valió.
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Re: Right here, right now—Priv. Raylai.

Mensaje por Itou Nyozegamon el Jue Mar 23, 2017 10:38 pm

Sin haberlo sentido antes, el corazón le dio un vuelco, revolviendo su estómago con una sensación inefable. Positiva. Apenas el cuerpo forjó la gruesa hoja de la Nodachi, no pudo evitar que la tranquilidad estuviera por más que la adrenalina y entusiasmo fueran grandes causantes de sus impulsividades. Normalmente el peso intimidaba, incluso el largo de su forma, sin embargo, ¿por qué era que esa Técnico lograba sujetarle sin impedimentos? Como si su corazón estuviera latiendo a través de su alma, no todo fue tan maravilloso como su mente quería. La dirección, el plan, las maniobras. Efectivamente el profesor fue el más perjudicado, sin embargo en un momento que la libertad estuvo y su concentración volvió… supo que estaba volando por los aires, con una Raylai gritándole y un drama que alcanzó a ver en cámara lenta.

¿Moriría? ¿Qué clase de muerte sería? ¿Social? ¿Podía deprimirse de ello?

¡Raylai-san!—Exclamó, dejando que una de las manos empezara a brotar de la hoja, materializándose paulainamente a su original forma. Fue atrapada, sí, mas no significó que el aterrizaje fuera el mejor, de hecho su forma humana regresó en el momento menos indicado, siendo para cuando su compañera la tenía. Caerle encima con toda la gracia que debía de haber brindado fue necesario, y supuso que poner sus pies en ese rostro no era la forma para tratar a los amigos. Qué le perdonaran los dioses y que el harakiri fuera su destino, pues…

Ah…

¿Por qué era que tenía una sonrisa en la cara? Se tocó el rostro, notándolo. Reía sin sonidos. Reía en plena libertad. Esa bravucona era interesante, curiosa, ¿sería esa la prueba que necesitaba para comprobar lo que le depararía la vida? Quiso arriesgarse, quiso tener esa oportunidad; muy a pesar de escuchar las palabras de su padre tomándola como una irracional, ¿qué más importaba? Sería la irracional más arriesgada y cuerda que podrían de encontrar. Si tenía un tanto de, ¿podría de llamarlo locura? en su vida, sí que creía poder sentirse completa.

¡Sí!—Exclamó, casi al unísono, alzando los brazos al cielo. Le sonrió al extravagante sol, señalándole su victoria—¡Hay que hacerlo muchas veces más, Raylai-san!

El castigo… se escuchó y su sonrisa se apagó. Su primer castigo en toda la vida y no supo cómo sentirse; para ganar algo, debía de tomar riesgos, ¡si erraba, cortaría su vientre! Era una promesa honorable que se haría tanto ahí como en el salón de clases. Esperaba no decaer en los encantos de la desolación, honestamente, porque intentando llenarse de una nueva propuesta hacía su vida, estaba decidida a no perder el factor desencadenante de todo eso.
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Itou Nyozegamon
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